Nos enseñaron a mirar el resultado como si todo lo anterior fuera ensayo, error o material descartable. Pero muchas veces ahí está la parte más importante de una práctica artística.
Cuando vemos una obra terminada, solemos verla fuera de contexto. Está montada, fotografiada, editada y lista para circular. Todo lo que ocurrió antes queda fuera de cuadro: las pruebas, los cambios de dirección, las piezas que no funcionaron, las referencias que se abandonaron y las decisiones que fueron apareciendo sobre la marcha.
Esa forma de mirar el arte tiene algo engañoso porque hace parecer que una obra es simplemente la ejecución de una idea previa. Como si el artista hubiera sabido desde el principio qué quería hacer y el resto hubiera sido cuestión de llevarlo a cabo.
En realidad, muchas prácticas funcionan al revés. Se empieza haciendo para descubrir qué se está haciendo.