La complicidad entre espacios abandonados y el arte


De un antiguo banco ocupado por artistas en París a casas, fábricas y comercios transformados en espacios culturales en México: cuando un lugar deja de cumplir su función original, el arte muchas veces encuentra una oportunidad para imaginar otra.

La complicidad entre espacios abandonados y el arte

En 1999, tres artistas entraron a un edificio abandonado en pleno centro de París. No era una galería. Tampoco un museo. Era un antiguo inmueble de Crédit Lyonnais que llevaba años vacío.

Gaspard Delanoë, Kalex y Bruno Dumont ocuparon el número 59 de Rue de Rivoli buscando algo bastante básico: un lugar para trabajar. A los pocos días llegaron más artistas, instalaron talleres, comenzaron a producir y abrieron las puertas al público. Durante su primer año, más de 40,000 personas visitaron el espacio.

Lo que oficialmente era una ocupación ilegal empezaba a comportarse como otra cosa: un espacio cultural que la ciudad no había planeado, pero que la gente ya estaba usando como tal.

La historia pudo terminar con un desalojo. En cambio, el interés que generó el proyecto abrió una conversación sobre su futuro. La ciudad de París terminó adquiriendo el inmueble y, en 2009, 59 Rivoli volvió a abrir oficialmente como espacio artístico.

Hoy, sus seis pisos albergan alrededor de 30 artistas y sus estudios pueden recorrerse gratuitamente. El público no llega únicamente a observar obras terminadas: también entra a talleres, encuentra materiales, bocetos, conversaciones y procesos todavía sucediendo. Un antiguo banco vacío encontró una segunda vida a través del arte.

Y aunque 59 Rivoli tiene una historia particular, esa relación entre lugares que pierden su función original y comunidades creativas capaces de imaginarles otra también aparece en México.

Casos en México: De casas, panaderías y fábricas

En 1986, La Quiñonera convirtió una casa de Coyoacán en un lugar de encuentro para artistas, músicos, escritores, cineastas y otras comunidades creativas. Más que adaptar un inmueble para exhibir arte, el espacio convirtió una casa cotidiana en un punto de producción, conversación y colaboración que se volvió parte importante de la escena artística independiente de Ciudad de México.

La Panadería transformó un antiguo establecimiento de la Condesa en uno de los espacios independientes más representativos de aquella generación. Fundada en 1994, funcionó como plataforma para artistas jóvenes, proyectos experimentales y conversaciones que difícilmente encontraban lugar dentro de las instituciones tradicionales.

Décadas después, la misma intuición aparece en Proyecto Público Prim, en la colonia Juárez. Dos antiguas casonas que atravesaron distintos usos, deterioro y periodos de abandono fueron recuperadas sin intentar borrar completamente su pasado. Muros desgastados, estructuras expuestas y rastros de otras épocas siguen formando parte del espacio que hoy recibe exposiciones, proyectos creativos y encuentros como Salón ACME.

En la colonia Doctores, Laguna encontró otra posibilidad dentro de una antigua fábrica textil. La vocación productiva del edificio permanece, aunque aquello que se produce cambió: hoy conviven ahí arquitectura, diseño, gastronomía, arte y distintos proyectos creativos. La fábrica no desapareció detrás de su nueva función; su pasado industrial sigue siendo parte de la identidad del lugar.

Lo que queda cuando cambia la función

Una casa. Una panadería. Una casona. Una fábrica. Un banco. Ninguno fue construido originalmente para convertirse en espacio cultural y, sin embargo, todos terminaron encontrando otra vida cuando alguien fue capaz de mirar más allá de su función anterior.

Ahí está la complicidad entre los espacios abandonados y el arte: ambos contienen posibilidades que todavía no están del todo definidas. El abandono puede parecer el final de un lugar, pero estas historias demuestran que también puede ser una pausa entre una función y la siguiente. El arte entra precisamente en ese intervalo para experimentar, ocupar, intervenir y devolverle circulación a algo que había dejado de tenerla. Además de que se ve aesthetic esa nota vintage intervenida con el coolness del diseño.

Filosofemos, ¿tenemos que esperar a que un lugar quede vacío para imaginar todo lo que el arte podría hacer dentro de él?

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