Radar: La mirada de Dorian Ulises López Macías

A través de su archivo Mexicano, Dorian Ulises López Macías retrata los cuerpos, gestos y estilos que han construido la identidad visual del país desde la calle. Una mirada sobre belleza, pertenencia y el poder de reconocernos dentro de la imagen.

Radar: La mirada de Dorian Ulises López Macías

¿Cuántas veces aprendimos a buscar la belleza lejos de casa?

 

Durante años, la moda mexicana habló de identidad nacional mientras llenaba sus campañas con rostros importados. Celebraba los textiles, los paisajes y el trabajo artesanal del país, pero dejaba fuera del encuadre a buena parte de quienes lo habitaban. Dorian Ulises López Macías conoció esa contradicción desde dentro.

De las revistas a la calle

Nacido en Aguascalientes en 1980, Dorian estudió diseño gráfico y llegó a la Ciudad de México en 2005 con la intención de trabajar en revistas. Pasó por publicaciones como Código, Chilango y Elle México, donde aprendió a construir historias de moda, dirigir imágenes y entender los códigos de una industria que decide constantemente qué merece ser visto.

Mientras trabajaba en editoriales y campañas, también salía a la calle a fotografiar a las personas que llamaban su atención. Lo hacía por intuición, atraído por rostros, cuerpos, gestos y maneras de vestirse que rara vez encontraba en las páginas que diseñaba. En una entrevista con Latinness, recordó que aquellas imágenes permanecieron guardadas durante años porque temía que sus modelos fueran juzgados.

Mexicano: un país dentro de un archivo

En 2016 decidió publicar sus fotografías bajo un nombre amplio y deliberadamente sencillo: Mexicano. El proyecto reúne imágenes tomadas en distintas regiones del país y continúa creciendo desde entonces. Dentro del archivo conviven la piel morena, la vida queer, la sensualidad, la ternura, las familias, el estilo callejero y esa capacidad profundamente mexicana de construir una identidad con lo que se tiene a mano.

 

La cámara de Dorian reconoce algo que la mirada institucional había pasado por alto: la apariencia también guarda memoria. Un peinado, una postura, una cadena dorada o una camiseta ajustada pueden hablar de territorio, deseo, pertenencia y orgullo. Sus retratos permiten que esos códigos ocupen el centro de la imagen con toda su intensidad. La calle deja de funcionar como fondo y se convierte en autora de su propio lenguaje visual.

Cuando la moda aprende a mirar alrededor

La visión de Mexicano comenzó a cruzarse con su trabajo editorial. Dorian llevó frente a la cámara a las mismas personas que encontraba durante sus recorridos, ampliando los parámetros de altura, complexión y color de piel que dominaban los castings.

Su obra apareció posteriormente en publicaciones como Vogue Italia, Paper, Purple y Dazed, y ha contribuido a proyectar modelos mexicanas dentro y fuera del país. Como explicó a i-D, detrás de esos rostros también se encuentra la historia de México.

El recorrido de Mexicano ha pasado por espacios internacionales y, en 2026, recibió su primera lectura amplia en BODEGA OMR. La exposición reunió una selección de imágenes producidas durante más de una década y convirtió el archivo en una conversación sobre quién ha tenido acceso a la belleza, a la moda y a la representación. OMR describe el proyecto como una relectura crítica de la estética mexicana donde lo popular, lo queer y lo cotidiano adquieren presencia y dignidad visual.

La tensión de representar a México

La obra de Dorian también abre una pregunta necesaria: ¿qué sucede cuando los códigos populares de México comienzan a ser deseados por la mirada global?

En un momento de fascinación internacional por el país, fotografiar sus cuerpos, barrios y estéticas puede acercarse peligrosamente a la exotización. Dorian ha reconocido esa tensión y escucha las críticas dirigidas al proyecto. Su posición parte de una experiencia propia: él también pertenece a la realidad y a las heridas que aparecen frente a su cámara.

La cercanía no cierra por completo el debate, pero permite entender desde dónde se construyen las imágenes. Como explicó en una entrevista con El Universal, su trabajo surge desde esa herida y busca mostrar también su parte hermosa.

Un apapacho frente a la cámara

Quizás por eso sus fotografías se sienten tan vivas. Hay conciencia política, pero también humor, deseo y afecto. Dorian ha preferido mostrar una versión luminosa de México incluso en medio de su violencia y sus contradicciones. Él mismo ha definido su trabajo como una forma de “apapachar” la autoestima y el corazón de la gente.

Después de tantos años observando el país, Mexicano permanece abierto. Cada retrato amplía el archivo y también la posibilidad de reconocernos dentro de él.

Transformar la representación puede comenzar con un gesto aparentemente pequeño: mirar a alguien que siempre estuvo ahí y, finalmente, permitirle ocupar toda la imagen.

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