“Mi capital es la imaginación.”
El proceso: de la cabeza al concreto
Esta primera pieza se desarrolló paso a paso. Comenzó con el scouting
del espacio, siguió con los bocetos, la elección de materiales y culminó con días de montaje. Documentamos cada etapa: el trazo, el ritmo, los detalles, las pausas, el color. Porque tan importante como el resultado final, es el camino que lo hizo posible.
Pero más allá del proceso técnico, está el sentido emocional de la obra. Para Tito, esta intervención fue una forma de sublimar lo vivido, de convertir lo visceral en algo tangible.
En sus palabras:
“Antes de aprender a emplastar mis emociones, la expresión artística
fue mi medio, una extensión, una versión más clara y directa de lo que sentía. Estos óleos son el resultado de sublimar de una manera
bestial lo que vivía en aducción y confusión. El dolor era insoportable,
no sabía ni por qué era ni por qué me pasaba a mí justo esos días…”
Ese impulso crudo, honesto y emocional es lo que se plasma
en el muro de Reforma. Como dice Tito, su capital no está en el presupuesto, sino en la capacidad de imaginar mundos desde lo cotidiano.

