Una vocación que comenzó como un juego
El interés de Alexis por el cine surgió desde muy pequeño. Según ha contado, cuando era niño utilizaba una cámara análoga para grabar historias y experimentar con imágenes. Lo que comenzó como una actividad espontánea fue transformándose con los años en una vocación cada vez más clara.
Esa curiosidad inicial es uno de los motores más importantes de cualquier proceso creativo. Antes de pensar en festivales, premios o reconocimiento, existe el deseo de probar, descubrir y convertir una idea en algo visible. En el caso de Alexis, esa necesidad de crear se mantuvo presente hasta convertirse en un proyecto cinematográfico capaz de cruzar fronteras.
Su historia demuestra que muchas vocaciones comienzan mucho antes de que sepamos nombrarlas. A veces aparecen en forma de juego, de obsesión o de una actividad a la que volvemos una y otra vez, incluso cuando todavía no sabemos hasta dónde podría llevarnos.
La pasión como punto de partida
En las industrias creativas es frecuente pensar que primero se necesitan las herramientas perfectas para poder comenzar. Se espera tener el mejor equipo, los contactos adecuados, el presupuesto suficiente o la preparación ideal. Sin embargo, la mayoría de los proyectos que terminan generando impacto nacen antes de que todas esas condiciones existan.
Delirio fue realizado como una producción independiente y filmado en distintos lugares de México, entre ellos Ciudad de México, Yucatán y Nayarit. El cortometraje mezcla elementos de thriller psicológico y drama para explorar temas relacionados con la esquizofrenia, la percepción y la dificultad de distinguir entre la realidad y lo paranormal.
Más allá de su propuesta narrativa, el proyecto refleja la determinación de llevar una idea hasta el final. Hacer cine requiere coordinar personas, resolver problemas, tomar decisiones y continuar incluso cuando los recursos son limitados. En ese proceso, la pasión deja de ser solamente entusiasmo y se convierte en disciplina, compromiso y capacidad de encontrar soluciones.
Crear oportunidades, no esperarlas
Fundar una productora siendo un cineasta joven implica mucho más que producir películas. Significa asumir que el camino creativo no siempre está trazado y que, en ocasiones, hay que construirlo desde cero. Con Besia Films, Alexis no esperó a que alguien le abriera una puerta: decidió crear el espacio donde sus historias pudieran existir.
Esa actitud representa a una nueva generación de creadores que entiende que el arte también requiere iniciativa. Hoy, gracias a herramientas más accesibles y nuevas formas de producir y distribuir contenido, muchos jóvenes artistas están transformando sus ideas en proyectos reales sin esperar la validación de las grandes industrias.
La creatividad de una nueva generación
La juventud suele estar asociada con la falta de experiencia, pero también posee una ventaja creativa fundamental: la posibilidad de imaginar sin estar completamente condicionada por las reglas existentes. Las nuevas generaciones no solo llegan para ocupar espacios dentro de la cultura, sino también para cuestionar las formas tradicionales de producir, narrar y distribuir historias.
Alexis forma parte de una generación de creadores mexicanos que utiliza diferentes herramientas y plataformas para desarrollar proyectos desde sus propias comunidades. Su reconocimiento internacional demuestra que una obra no necesita abandonar su identidad para conectar con públicos de otros países. Por el contrario, muchas veces es precisamente una mirada auténtica y particular la que permite que una historia se vuelva universal.
Este tipo de logros también tiene un efecto colectivo. Cuando un joven creador alcanza un escenario internacional, amplía la percepción de lo que otros jóvenes consideran posible. Su éxito no elimina las dificultades del camino, pero sí crea una referencia y demuestra que existen rutas que antes podían parecer demasiado lejanas.
No permitir que el origen se convierta en un límite
Uno de los aspectos más inspiradores de la historia de Alexis Hernández es que obliga a cuestionar la idea de que el lugar de origen determina el destino de una persona. Proveniente de Iztapalapa y formado en una institución pública, su camino demuestra que la creatividad puede surgir en cualquier contexto.
Esto no significa ignorar las desigualdades que existen dentro del acceso a la cultura y a las industrias creativas. Las oportunidades no están distribuidas de la misma manera para todos. Sin embargo, reconocer esas dificultades no implica aceptar que son límites definitivos.
El origen puede influir en la perspectiva de un artista, en los temas que decide abordar y en la manera en que comprende el mundo. En lugar de ser una desventaja, también puede convertirse en una fuente de identidad, sensibilidad y lenguaje propio. La mirada de un creador está construida por sus experiencias, y son justamente esas experiencias las que pueden diferenciar su obra.
El reconocimiento llega después de la decisión de crear
Los premios suelen convertirse en la parte más visible de una trayectoria, pero nunca son el verdadero comienzo. Antes de llegar a Cannes, Alexis tuvo que imaginar una historia, escribirla, reunir a un equipo, filmarla, editarla y decidir que valía la pena mostrarla. Cada una de esas decisiones ocurrió sin la certeza de recibir reconocimiento.
Esa es una de las enseñanzas más importantes de su recorrido. Crear implica avanzar sin garantías. Significa confiar en una idea antes de que otras personas la validen y continuar trabajando incluso cuando todavía no existe una audiencia.
El reconocimiento internacional de Delirio confirma el valor del proyecto, pero la verdadera victoria comenzó mucho antes, cuando Alexis decidió que su historia merecía ser realizada. El premio es una consecuencia de esa primera decisión y de todas las que vinieron después.

